jueves, 7 de agosto de 2008

Regla de Ocha o Santeria


El culto religioso conocido en Cuba como Regla de Ocha o Santería, se basa en la adoración de los orichas o deidades del panteón yoruba de Nigeria, sincretizados con los santos de la iglesia católica. Cada una de las deidades recibe el nombre genérico de oricha u orissa, lo que sería equivalente a determinado santo católico, de acuerdo con los elementos sincréticos considerados históricamente.

La religión de los orishas está ligada a la noción de familia. La familia numerosa, originaria de un mismo antepasado, que engloba a los vivos y a los muertos. Al perderse el sistema de linajes tribales o familiares se produce una hermandad religiosa que involucra a los padrinos y sus ahijados en un parentesco que va más allá de la ligazón sanguínea para convertirse en una línea horizontal abarcadora y compacta. El padrino o la madrina pasan a ser padre y madre de un sinnúmero de hijos pertenecientes a una forma de culto denominada popularmente línea de santo.

El orisha sería, en principio, un ancestro divinizado que en vida estableció vínculos que le garantizan un control sobre ciertas fuerzas naturales como el trueno, el viento, las aguas; además de la posibilidad de ejercer ciertas actividades como la caza, el trabajo con metales, y el conocimiento de las propiedades de plantas y su utilización. El poder, aché, del ancestro-orisha tendría, después de su muerte, la facultad de encarnarse momentáneamente en uno de sus descendientes durante un fenómeno de posesión provocado por él.
La Regla de Ocha cuenta con un variado panteón de divinidades, a las que hay que alegrar y satisfacer frecuentemente con ceremonias festivas que llevan este propósito. Lo esencial, como principio, para los que practican esta religión, es el culto respetuoso a los orishas mediante la adoración, alimentación y cumplimiento ritual de todas las fechas históricas dentro de la liturgia santera.
El fundamento o foco de la santería cubana, como en Nigeria entre los yoruba, es la piedra (otá), donde residen los atributos mágicos de los poderes (fuerzas naturales o deidades). Estas piedras, generalmente de los ríos, pulidas y redondas, son el receptáculo de cada una de las divinidades y los practicantes deben llevarlas consigo, al menos en los rituales de envergadura.

La adivinación constituye el pivote de la santería. Las ceremonias de iniciación lucumí se rigen por el dictamen de los dioses, quienes determinan si una persona deberá o no recibir el aché o gracia divina. Incluso el rito santero está determinado por la voluntad de los orishas, el mismo derecho a recibir collares, guerreros o iniciarse oficialmente recibiendo en su cabeza al santo que le ofrezca su paternidad. Sin la decisión de ellos, sin su consentimiento, nada puede realizarse en la vida del practicante.