lunes, 27 de octubre de 2008

Pataki : Orula estaba muy pobre



Orula estaba muy pobre


Cuentan que en una oportunidad orula sólo tenía unos centavos en el bolsillo y no le alcanzaba ni para darle de comer a sus hijos. Compró unos ekó que repartió entre los muchachos y salió de la casa comiéndose uno y caminando lentamente, tan lento como su tristeza.



Ya cerca del árbol que había escogido para suicidarse, el sabio tiró al piso las hojas que envolvían el dulce que se había comido. Colgó una soga de las ramas del árbol y entonces oyó que un pájaro le decía:



–Orula, mira qué sucedió con las hojas que envolvían el ekó. El hombre volvió el rostro y pudo ver que otro babalawo se estaba comiendo los restos del dulce que permanecían adheridos a la envoltura que él botara al piso.



–Y sin embargo –agregó el pájaro–, no ha pensado quitarse la vida.

Iboru , Iboya ,Ibochiche

Olofin había llamado uno a uno a los babalawos para preguntarles dos cosas. Como ninguno le había adivinado lo que él quería, los fue apresando y afirmó que si no eran capaces de adivinar, los iba pasar a todos por las armas.



El último que mandó a llamar fue a orula, el que enseguida se puso en marcha, sin saber qué estaba sucediendo.



En el camino Orula se encontró con una muchacha que estaba cortando leña y le preguntó cómo se llamaba, a lo que ella le contestó que Iború. La muchacha le dijo a Orula que lo importante era ver parir la cepa de plátano. Orula le regaló una adié y owó.



Más adelante Orula dio con otra muchacha que estaba lavando en el río la que dijo llamarse Iboyá, y le contó que Olofin tenía presa a mucha gente. Orula la obsequió con los mismos regalos que a la anterior.



Por último, Orula encontró en el camino hacia casa de Olofin, a muchacha llamada Ibochiché y ella le contó que Olofin quería casar a su hija. También le dio una adié y owo.



Cuando llegó al palacio, Olofin le dijo que lo había llamado para que él le adivinara unas cosas.



–¿Qué tengo en ese cuarto? –preguntó Olofin.



–Tienes una mata de plátano que está pariendo –contestó

–¿Y qué yo quiero que tú me adivines?



–Que quieres casar a tu hija y por no adivinarte tienes prisioneros a mis hijos.



Olofin sorprendido mandó a soltar a los babalawos presos y gratificó a Orula.



Cuando el sabio se iba, Olofin le dijo: “mogdupué”. Y Orula repuso que desde aquel día él prefería que le dijera: “Iború, Iboyá, Ibochiché.”