miércoles, 25 de febrero de 2009

De Ojos Cerrados



Sentado allí en frente a su congá, el viejo Pai de Santo recuerda con sorprendente initidez su infancia y su primer contacto con la espiritualidad.
Nítidamente se ve en su tierna infancia jugando solito en el amplio quintal de la casa de sus padres. Recuerda que algo lo hizo mirar hacia las nubes y que frente a él una extraña imagen se formó; un viejo sentado alrededor de una hoguera y un niño oyendo sus historias.
De akguna manera, el niño, al ver aquella escena, sabía que se trataba de él mismo.
El tiempo pasó, y la escena jamás fue olvidada, ni tampoco revelada; lo acompaña en sueños y recuerdos. Crece, y termina tornándose médium umbandista.
De a poco va conociendo a sus Guías, que van tomando su cuerpo en las diversas “giras de desenvolvimiento”. Primero el Caboclo, que se le antoja muy grande y fuerte; después los demás hasta que al completar 18 años, su Exu también recibe permiso para incorporar.
Ya no es más médium de gira. En verdad, ocupa el cargo de Pai Pequeño de Terreiro. Percibe que no tuvo una adolescencia como la mayoría de los jóvenes que lo rodean en la escuela. No va a bailes, ni fiestas... Se dedica con una curiosidad y un amor cada vez mayor, a la práctica de la caridad.
Los años pasan y termina por abrir su porpio terreiro. Innúmeras personas buscan a sus Guías y reciben siempre un consejo, una palabra de consuelo, una esperanza.
Fueron tantos los pedidos y los trabajos realizados que ya perdió la cuenta. Vió innumerables personas que declaraban su amor eterno por la Umbanda, alejarse, criticando lo que antes les era sagrado, porque algunos de sus pedidos no habían sido alcanzados en la plenitud deseada.
Presenció muchas personas que llegdas de otras religiones, encontrabanpaz dentro del terreiro. Éste, era mantenido a duras penas ya que nada cobraba por los trabajos realizados. “Da de gacia, lo que de gracia recibiste”.
Soltero, permanecía hasta hoy pues aunque tenía muchas mujeres que le eran queridas, ninguna de ellas soportó estar a su lado. Para él, la vida sacerdotal se imponía a cualquier otro tipo de relacionamiento. Así mismo, amaba a todas aquellas que le hicieron compañía en su jornada terrenal.
Jugaba el viejo Pai de Santo cuando le preguntaban si era casado... Respondía de buen humor que se había casado muy joven, aún niño. La curiosidad de los interlocutores en cuanto al nombre de la mujer era satisfecha con una sola palabra: Umbanda. Este era el nombre de su mujer.
Con el pasar del tiempo la edad fue llegando. Muchos de sus Hijos de Fe siguieron sus destinos, llendo a abrir sus casas de caridad. El peso de la edad no lo impedía recibir a sus entidades y aún se escucha por el viejo y querido terreiro el bramido de su Caboclo; el cachimbo del Preto Velho aún perfuma el ambiente, la carcajada del Exu aun impresiona, y la alegría del Eré emociona, a él y a todos... En fin, se siente útil al trabajar.
Hoy no tiene gira, el terreiro está limpio, las velas están encendidas y todo parece normal. Decide entrar al terreiro para pasar el tiempo. Pierde la noción de las horas.
Afina los oídos y siente pasos a su alrededor. Nota que alguien canta los puntos y el atabaque toca. Él está e frente al congá. El olor de la defumación invade sus narinas... Sus ojos se llenan de lágrimas en la misma proporción que su corazón de alegría. Extrañamente no siente coraje o voluntad de mirar para atrás... apenas canta los puntos. Mira las imágenes del altar, cierra los ojos y aún así ve nítidamente el congá. Parece que percibe aumentar el movimiento del terreiro y le da la espalda al congá; la escena lo sorprende: ve Caboclos, boiadeiros, pretos velhos, marujos, baianos, erés y toda una gama de Guías. Hasta los Exis y Pomba Giras están allí en la portera. Se da cuenta que los ve como son – no están incorporados, todos le sonríen amablemente.
Entre tantos Guías nota a aquellos que incorporan en él desde su infancia. Intenta batir cabeza en homenaje a ellos, pero le es impedido. El Caboclo, su Guía de frente, se adelanta y lo abraza, lanza su grito guerrero, siendo acom`pañado por los demás.
El viejo Pai de Santo no aguanta, y llora emocionado.
Las lágrimas le turban la vista. Cierra sus ojos y los vuelve a abrir; todos aquellos Guías permanecen en sus lugares, en silencio...
Nota una luz brillante que viene en su dirección. Iansã y Omulú se aproximan. Su Caboclo los saluda y es correspondido.
La luz lo envuelve. Ya no se siente viejo, en realidad, se siente joven como nunca, su cuerpo está liviano y levita en dirección a la luz
Todos los Guías le hacen una reverencia.
El terreiro va quedando lejos, envuelto en luz... Sonríe alegre. Misión cumplida.
Al día siguiente encuentran su cuerpo a los pies del congá. Parece sonreir---
Enviado por BABA JUAN (Gato) para todos nosotros GRACIAS por este invalorable aporte