miércoles, 18 de febrero de 2009



EL HOSPITAL DE ALMAS

El terreiro de Umbanda, es como un hospital de almas y listo al socorro emergencial, recibe los días de sesión o "gira" una cantidad razonable de encarnados, pero solamente los espíritus desencarnados que hay trabajan, es quines pueden visualizar la inmensidad de desencarnados que se mueven en el ambiente, en búsqueda de ayuda.

Ordenados y amparados por sus tutores, llegan estropiados y con apariencia preocupante, una vez que en su mayoría representan aquellos que cansaron o agotaron sus fuerzas, en la vida andarina del post muerte del cuerpo físico.

Vuelven la patria espiritual y de ella no tiene conocimiento y sin noción de la continuidad de la vida, cuando no desconocen incluso su condición de espíritu desencarnado y por eso continúan sintiendo los antojos, ambiciones, gustos y dolores de la vida física y en ese camino, definirán sus energías.

Cuando consiguen alcanzar algún activo de conciencia de su realidad, permiten la ayuda de los benefactores que los encaminan a algún local sagrado, donde medianeros encarnados puedan ayudarlos a través del choque anímico, permitiendo el total desligamiento de la materia.

En este momento los llamados Centros Espirisistas y de Umbanda, se hacen "oasis" en sus desiertos y como puentes entre los cielo y la tierra, permiten el pasaje de vuelta a la casa.

PALABRAS DE UN ABOBO

En aquella noche lluviosa y fría, la mayoría de los médiums de aquel terreiro , resentidos por la dificultad de dejar el confort de los hogares, faltaron al trabajo espiritual y el dirigente preocupado con la atención de los enfermos que se apilaban en el espacio que día a día se hacía pequeño, se arrodilló frente al congá, asumiendo su tristeza delante de los Guías espirituales.

Dejó correr dos lágrimas para aliviar su pecho angustiado.
Pensó en como fuera su día y en las tribulación la que ya debería estar acostumbrado, pero que ahora pesaban más por la salud que ya le faltaba.
En las dificultades financieras, en el alquiler de la casa que ya había vencido y en los tantos atropellos que ocurrieron en su ambiente de trabajo aquel día.
Sin contar en la visita que avia venido de lejos y que tubo que dejarlo en casa esperando por su vuelta del terreiro.
Nada de eso lo impidió de hacer una plegaria a finales del día, de tomar su baño de hierbas y seguir a pie hasta el terreiro, enfrentando la distancia y el temporal que se hacía.
Se sentía feliz en cumplir su tarea medí única, pero como había asumido abrir un "hospital de almas", juntamente con otros hermanos que se responsabilizaron ante la espiritualidad en servir a la caridad por lo menos los días de atención al público, sabía que solo poco podía hacer.
Pidiendo perdón a los guías por su tristeza y tal vez incomprensión en ver los descaso de los médiums, que la menor dificultad, escogían cuidar de los propios ombligos a la servir a los necesitados, solicitó que se redoblara en el plan espiritual la ayuda y que nadie saliera de allí sin recibir amparo.

Mirando la imagen de Oxalá que aún ofuscada por las lágrimas, irradiaba su luz azulada, sintió que algo mayor que la habitaba al pies de la figura, ahora brillaba.
Era una energía en forma de hilos dorados que se distribuían, a partir del corazón del Cristo y que cubrían los pocos médiums que oraban silenciosos, compartiendo de aquel momento, entendiendo la tristeza del dirigente.
Actuando como un bálsamo sobre todos, iniciaron la apertura de los trabajos con la alegría acostumbrada.
Cuando el dirigente espiritual se hizo presente a través de su aparato, transmitió seguridad la corriente, con palabras amorosas y firmes y en ese instante, falangeiros de todas las corrientes de la Umbanda allí "bajaron" y utilizando de todos los recursos existentes en el mundo espiritual, usaron al máximo la capacidad de cada médium disponible, ampliándoles la percepción e irradiación energética, lo que valió de un trabajo eficiente y rápido.
Armoniosamente, los trabajos se concluyeron en el horario acostumbrado y todos los necesitados fueron atendidos.
Desdoblados en cuerpo astral, dos observadores descontentos con el final feliz, gritaban del lado de fuera de aquel terreiro .
Su programación e intenso trabajo para desviar los médiums de la casa en aquella noche, en el objetivo de enflaquecer la corriente y consecuentemente, que infiltren sus "entidades" en medio de ella, había fallado.
Tendrían que redoblar esfuerzos en la próxima embestida.
Cuando las luces se borraron y la puerta del terreiro cerró, vaciándose la casa material, en el plan espiritual, se organizaba el ambiente energético para inmediatamente más recibir los mismos médiums, ahora desdoblados por el sueño.
Pasaba de la media noche en el horario terranal y los médiums, ahora en cuerpo de energía volvían al mismo local de lo cual la poco habían salido.
Los aguardaban, silenciosos oyendo un mantra sagrado, sus benefactores espirituales. Todo estaba muy limpio y perfumado por hierbas y flores. Uno la uno, al adentrar, era conducido la una cama de hojas verdes e invitado a acostarse, recibiendo allí un baño de energías revigorantes .
Cuando todos ya se encontraban listos, siguieron en caravana para los hospitales del astral y allá, como verdaderos enfermeros, auxiliaron por horas y hallaron a tantos espíritus que horas antes habían andado con ellos en el terreiro y recibido los primeros auxilios.
A finales de la noche, el canto de Oxum los llamaba para que laven la "alma" en su cascada y así lo hicieron, para solamente después retornar a sus cuerpos físicos que se permitía descansar en el lecho.

Y aquellos médiums que faltaron al terreiro en aquella noche, perdieron de vivir todo eso menos
Dos o tres de ellos, que faltaron por necesidades extremas y no por deseos y así mismo , se propusieron antes de dormir, auxiliar el mundo espiritual y por eso fueron invitados a formar parte de la caravana.-

Y aquellos que faltaron por pereza, y no acudieron se ofrecieron para auxiliar durante el sueño, pero no fueron aceptados

La pereza, así como cualquiera otro vicio, es un atributo del ego y no del espíritu, pero que refleja en este.
Se pierden grandes y valiosas oportunidades a cada instante por la insensatez de que oigamos el ego y sus exigencias.
El tiempo, es oportunidad sagrada y de él se hace lo que bien quiere cada uno.
El minuto pasado, ya no retorna, pues el tiempo se renueva constantemente.
El mañana nos dirá lo que hicimos en el ayer y ese tiempo que vendrá es nuestro desconocido, por eso no sabemos se en él aún estaremos por aquí sirviendo o si en algún lugar, clamando por ayuda de otros que podrán alegar no tener tiempo para nosotros, pues necesitan cuidar de sus ombligos

Ricardo de oxala